HISTORIA

La rusticidad de un campo donde lo pintoresco de sus árboles, flores, semillas que emergerán y todo aquello que lo adorna a través del tierno cántico de sus grillos por la madrugada, las ranas que han migrado de una estero de la zona croando al ritmo de una música tenue o el cambiante clima que nos genera incertidumbre, es el reflejo de una cronología de años que data de tradiciones culturales, mapas genealógicos extensos con historias de antaño y, sobre todo, de una gastronomía que cuenta con el rescate de lo más preciado en recetas de generaciones más longevas.

La Arbequina nace de un proyecto familiar. La idea de resurgir por medio de una temática donde hace ya varias décadas se iniciaron los primeros pasos, como con la experiencia de haber fundado el Purísima, un restorán ubicado en el apogeo del Barrio Bellavista, fue el impulso para comenzar una nueva frontera, recalcando la inclusión única y exclusiva de miembros de la familia.

El descubrimiento de un lugar mágico

Durante los años’90, una pareja joven con cuatro hijos y a la espera de una quinta, sin mayores esfuerzos en su búsqueda, se encontraron, de pronto, entre cerros decorados con un cielo azulino puro. Parados sobre una loma desierta repleta de energía, decidieron que allí era el lugar para quizás, en algún tiempo más, vivir para siempre.

Empezamos con la construcción de una pieza y una cocina, rodeados de jardines que poco a poco iban dándole colores más vivos al café de una tierra fértil. En el recorrido de los años fuimos creciendo y ampliándonos, en una casa que en esos días era la típica de veraneo, de fines de semana de oxigenación, de momentos de salida de una ciudad contaminada como Santiago.

El 2006 nos vinimos definitivamente, motivados por sueños que toda la vida ansiamos alcanzar. Dos años más tarde Francisca, la mayor de las Marías, se casó con el actual fotógrafo de La Arbequina, Daniel. A mediados de ese año unos novios vinieron por recomendación de José Miguel, el mayor de los hermanos, a conocer el lugar, siendo el principio de un camino que en pocos meses dio sus primeros frutos.

Fanáticos de la construcción, Patricia y Gonzalo, fundadores de este proyecto “en el medio de la nada”, decidieron comenzar con la plantación de una hectárea de Olivos, de la variedad por la que surgió el nombre de este lugar, Arbequina.

El poderío de basarnos en el auto sustento de aceite cien por ciento orgánico, va acompañado de una responsabilidad social en pos de un desarrollo económico de productores de la zona dedicados, por ejemplo, al cultivo de frutillas o a la crianza de codornices  o conejos, quienes semana tras semana le dan vida al exótico menú que ofrecemos, evitando además, el inagotable crecimiento de la huella de carbono.

La Arbequina se trata de una alternativa combinación entre lo sicodélico y lo campestre,  con sellos únicos como la desnudez de mesas de durmientes provenientes de una línea de ferrocarril de ocho kilómetros en María Elena (segunda región), o  como el “viaje por el mundo”, un sistema de cóctel para matrimonios más grandes, con un divertido lounge que denota nuestro estilo hippie chick con detalles minuciosos que buscan, más que perfección, dar a conocer el amor y dedicación de cada personaje que ha intervenido en este lugar mágico y encantador.

Por Pelayo Fernández,

Hijo de Patricia y Gonzalo,

Estudiante de Periodismo en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Agradecidos eternamente además, de la acérrima participación de:

José Miguel, hijo, Antropólogo social y arqueólogo. Aporta con sus ideas, además de ser el iniciador de los eventos.

María Francisca, hija, Gerente comercial y organizadora de La Arbequina.

María Catalina, hija, antropóloga social. Aporta con sus ceremonias maya-tolteca.

María Carlota, hija, encargada de mantener la armonía y protección del lugar.

María Magdalena, hija, Chef de La Arbequina, egresada del Culinary de Viña.

Pelayo, hijo, Dirige el bar, estudiante de periodismo

María de la Luz, hija, coordinadora de los eventos, estudiante de Ingeniería Comercial.